NOTA DE PRENSA: Un salario digno para el sector de la discapacidad intelectual: es el momento de pasar a la acción

Reproducimos el artículo de opinión publicado en Social Sic, titulado: «Un salario digno para el sector de la discapacidad intelectual: es el momento de pasar a la acción«:

Desde nuestra federación, que agrupa entidades dedicadas a la atención y cuidado de personas con discapacidad intelectual, celebramos que por fin se hable seriamente de la equiparación salarial en el tercer sector. Es un paso adelante, pero demasiado lento. Hay que acelerar el aterrizaje del tema e iniciar de manera planificada la escalada salarial. Hay que convertir las palabras en acciones reales. Si el reconocimiento al sector se queda solo en buenas intenciones, nunca resolveremos una problemática que afecta a las entidades, a los profesionales y, sobre todo, a las personas que atendemos.

¿Por qué esta diferencia?

Hablamos de un colectivo de profesionales formados y comprometidos que trabajan en un entorno altamente exigente. Atender a personas con discapacidad intelectual implica conocimientos técnicos, gestión emocional y una sensibilidad especial. Todo ello, a menudo, en condiciones que pueden llevar a los profesionales a sufrir estrés si no se tienen las herramientas adecuadas. Y a pesar de este nivel de exigencia, los sueldos en nuestro sector están hasta un 30% por debajo de los que reciben otros profesionales que también trabajan cuidando a personas, como los profesionales de la salud.

Esta diferencia, simplemente, no tiene justificación. ¿Por qué hay profesionales de «primera» y de «segunda»? Si la formación y la responsabilidad son comparables, ¿cuál es el criterio para mantener esta desigualdad? La respuesta no es técnica ni económica: es una falta de prioridades claras, de silencio durante décadas y de voluntad política.

Un sector al límite

Las consecuencias de esta injusticia salarial son devastadoras. Los profesionales se ven obligados a renunciar a un salario digno en un sector que aman, hasta que muchos deciden marcharse a ámbitos más reconocidos. Esto provoca una alta rotación del personal, afectando directamente a las personas atendidas. ¿Cómo pueden establecer vínculos de confianza y estabilidad las personas con discapacidad intelectual si los equipos que las cuidan cambian constantemente?

A menudo se habla de la vocación como justificación para las condiciones laborales precarias. Pero la vocación tiene un riesgo: si no tratamos a los profesionales como se merecen, generamos un estrés adicional que puede llevar al agotamiento y al abandono de la profesión. La vocación no debe ser una excusa para la precariedad, sino un motivo más para dignificar su trabajo.

Para las entidades, esta situación es insostenible. No pueden retener talento ni competir con otros sectores porque no disponen de los recursos necesarios para ofrecer condiciones equiparables. Esto impacta en la calidad de los servicios y pone en peligro el futuro de la atención a las personas.

El futuro que nos espera

Somos una parte integrante del estado del bienestar y del sistema de servicios sociales. La sociedad está cambiando, y el reto es enorme. La población envejecida, la pirámide de edades invertida y el aumento de la complejidad de las necesidades de las personas con discapacidad hacen evidente que se necesita más personal, más cualificado y con mejores condiciones. Pero, ¿cómo pensamos afrontar este reto si no somos capaces de dignificar el trabajo de los profesionales actuales?

¿Qué pasará cuando no haya suficiente personal cualificado dispuesto a trabajar en el sector? ¿Cómo garantizaremos la calidad de la atención si seguimos hipotecando el futuro con esta falta de recursos?

No podemos esperar más, se necesita un compromiso real

El momento de actuar es ahora. Existe el compromiso por parte de la Generalitat de Cataluña, ahora se necesita y exigimos una planificación firme para dotar al sector de una financiación adecuada que asegure salarios dignos y una equiparación salarial real en el tercer sector. Esta no es una demanda «corporativa»; es una apuesta por la justicia social, por reconocer y poner en valor la labor de nuestros profesionales, por el bienestar de las personas con discapacidad intelectual y por la sostenibilidad de un sistema que es esencial para la cohesión de la sociedad.

Los profesionales del sector no son números ni gastos, son una inversión de futuro, son la base sobre la que se construye el futuro de una atención humana, cercana y de calidad. Y este futuro solo será posible si reconocemos su valor.

El cambio comienza ahora. No con promesas, sino con acciones reales. Es la hora de dejar de mirar hacia otro lado y exigir soluciones reales para garantizar el futuro de un sector que cuida a una parte vulnerable de la sociedad. Un salario digno no es un lujo; es una necesidad que define nuestro compromiso colectivo con las personas.