NOTA DE PRENSA: Inteligencia artificial en el tercer sector: una reflexión necesaria

Nos gustaría compartir con vosotros el artículo de opinión publicado en el diario Social.cat, titulado: «Inteligencia artificial en el tercer sector: una reflexión necesaria«, que reproducimos a continuación.


Se habla mucho de la inteligencia artificial (IA). A veces con entusiasmo, a veces con recelo, y a menudo como algo lejano o difícil de entender. En el tercer sector, especialmente en el ámbito de la discapacidad intelectual, sigue siendo poco conocida y genera más preguntas que respuestas. Y eso no es un problema, sino que es el punto de partida. 

En la Coordinadora hemos querido abrir esta reflexión no porque la IA sea una solución mágica, sino porque el debate no puede quedar al margen del sector. Implica conocerla, entenderla y pensar colectivamente cómo encaja en la realidad cotidiana de las entidades y en los valores que guían la atención a las personas. 

La realidad del sector es compleja: recursos limitados, falta de profesionales, sobrecarga administrativa y procesos cada vez más exigentes. Todo ello sin olvidar la diversidad de perfiles atendidos, con necesidades muy diferentes, que exigen intervenciones flexibles, individualizadas y centradas en la persona. Ante este escenario, es legítimo preguntarse si podemos permitirnos ignorar qué puede aportar la IA. La respuesta parece clara. 

La IA puede ser una herramienta relevante de apoyo. No para sustituir personas, sino para reforzar equipos, aligerar tareas complejas, gestionar procesos difíciles y repensar o crear formas de trabajo más creativas y prácticas. El reto no es sustituir el valor humano, sino formar profesionales del siglo XXI que conozcan y dominen estas herramientas para atender mejor y preservar la calidad de vida, tanto de las personas acompañadas como de los equipos. 

Pero reducir la IA a una herramienta para acelerar la burocracia sería quedarse corto. También puede tener un papel en intervenciones directas, como apoyo educativo, terapéutico o de acompañamiento, generación de ideas, adaptación de contenidos o exploración de nuevas maneras de trabajar. Siempre con criterio profesional, supervisión y sentido crítico. La cuestión no es solo qué puede hacer la tecnología, sino cómo se integra sin deshumanizar la intervención. 

La IA puede servir también a las propias personas con discapacidad, adaptada a sus capacidades y necesidades. Puede favorecer autonomía, comunicación, expresión de intereses y participación activa en su aprendizaje y toma de decisiones. Pero hay que plantearse preguntas clave: ¿se diseñan estas herramientas con ellas o solo para ellas? ¿Empoderan o generan nuevas dependencias? 

Es necesario, al hablar de IA en el tercer sector, hablar de ética. ¿Quién define los límites, cómo se protegen los datos, qué sesgos pueden incorporar los sistemas y cómo se asegura que la tecnología no sustituya el juicio profesional ni la voz de las personas acompañadas? La confianza, la relación y el respeto a los derechos son centrales, y la IA no puede ser neutra ni acrítica. 

Por eso, las preguntas relevantes no son solo qué puede hacer la IA por las entidades, sino: ¿Cómo mejora realmente la intervención y el acompañamiento? ¿Cómo se garantiza que sea herramienta de empoderamiento y no de control? ¿Quién decide cómo se utiliza y con qué criterios éticos? 

La jornada matinal organizada por la Coordinadora el pasado noviembre fue un primer paso para abrir el debate, conocer qué hacen las entidades y compartir experiencias, dudas y buenas prácticas. También permitió reflexionar sobre la relación entre la IA y otras tecnologías emergentes, como la robótica o determinados equipamientos que ya forman parte de la atención a las personas. 

La tecnología avanza rápido, pero el compromiso con las personas exige avanzar con criterio, coherencia y fidelidad a los valores del sector. Este artículo no cierra ningún debate, sino que quiere ser una invitación y una provocación para pensar la IA sin miedos, pero también sin ingenuidades. La pregunta clave no es si utilizarla, sino cómo hacerlo sin perder el sentido de lo que somos.